Una escalera de pan, figuras de animales y retratos familiares comparten lugar en las mesas de ofrendas con las que las comunidades jujeñas recuerdan, cada 1 y 2 de noviembre, a sus seres queridos fallecidos. Así se vive Fieles Difuntos, una práctica que mantiene el vínculo entre quienes partieron y quienes permanecen.
El armado de las mesas empieza con una tarea colectiva. Familiares y vecinos se reúnen para elaborar panes y guaguas, preparar alimentos y disponer las ofrendas. Al compartir ese trabajo, transmiten de generación en generación saberes que forman parte del patrimonio cultural inmaterial de Jujuy.
En la conmemoración, conocida también como Día de las Almas, confluyen creencias y símbolos de la cultura andina con elementos del catolicismo. Los rezos, las ofrendas y las visitas al cementerio sostienen el vínculo con quienes fallecieron, con una dedicación especial a las Almas Nuevas.
Compartir la comida y recibir a familiares y vecinos permite acompañarse en el recuerdo. La hospitalidad y la reciprocidad atraviesan esos encuentros, donde la ausencia convive con la alegría y la solidaridad.
Preservar Fieles Difuntos es reconocer la riqueza cultural de la provincia y valorar a las comunidades que sostienen esta herencia. En Jujuy, recordar a las almas es reafirmar una identidad que se comparte y se renueva en cada encuentro.



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